El Presidente Piñera debe tomar medidas, pero alguien tiene que tomárselas a él. Ese hombre es Arturo Olave, un sastre que comenzó en el oficio siendo un niño y que hoy conoce al detalle las dimensiones, mañas y defectos corporales de algunos de los hombres más poderosos de Latinoamérica.
Vestir al Presidente chileno y al Presidente brasileño puede sonar bastante impresionante para un sastre que comenzó a aprender su oficio a los 13 años como complemento técnico de su educación secundaria, pero difícilmente es algo impresionante para Arturo Olave, el hijo de un técnico textil que se enamoró de las telas, pero prefirió coserlas antes que fabricarlas.
Después de sus estudios en la escuela superior industrial de sastrería (en avenida Matta) y trabajar hasta tener su propia sastrería en calle San Diego, Olave partió, a los 29 años, a probar suerte a Sao Paulo, Brasil. Corría 1979. "Era una época mala para la sastrería chilena. La verdad es que la plata me daba para llegar hasta aquí no más, no me alcanzaba para irme a Europa o Estados Unidos, y Brasil era más fácil", dice al teléfono desde su oficina en la metrópolis brasileña. "Me presenté donde un sastre italiano, Rafael Mineli, y le dije que necesitaba trabajar y él me dio una oportunidad", cuenta. "Trabajamos juntos por 17 años".
Fue en ese trabajo que Olave comenzó a medir, cortar y coser para el poder. Eso, en Brasil, significaba por ejemplo hacerle la ropa a Joao Baptista de Oliveira Figueiredo, el último Presidente de facto de la dictadura de ese país. "También trabajábamos para varios ministros y para artistas importantes", cuenta.
En 1995 volvió a Chile a instalar su local en el centro y volvió a Brasil en 2003 para trabajar para la firma de Ricardo Almeida, una importante sastrería que cuenta entre sus clientes al Presidente Lula da Silva, de cuyos trajes Olave también se ha encargado. Ahora pasa tres semanas allá y una en Chile, donde viven su mujer y sus hijos. Pronto, adelanta, volverá para abrir una sastrería con su nombre y firma en el centro de Santiago. Por mientras, cualquiera que quiera vestir un auténtico Arturo Olave llega a él por la vía más tradicional de todas: el conocido del conocido.
Así, por ejemplo, por recomendación de su antiguo cliente Herman Chadwick llegó a tomar las medidas de un hombre cuya demanda por ropa nueva explotó después de ser elegido Presidente de Chile.
-¿Qué distingue su trabajo para que lo recomienden tanto?
-Mira, en primer lugar, lo que hago es algo que poca gente hace: la ropa diseñada en el cuerpo del cliente. Se diseña por sus medidas, en su cuerpo. Generalmente, la gente que hace ropa sobre medida hoy día la hace basada en un molde con medidas padrones que le van adaptando al cliente, y nunca da los resultados tan perfectos. Yo diseño la ropa en el cuerpo del cliente y así queda mejor, marca menos los defectos.
-Piñera parece tener los brazos más cortos, ¿no?
-No, fíjate que no diría eso. Pero la posición en que pone sus brazos, como que los tira para arriba, hace que las mangas se le vean así. Si se para normal y estira el brazo normal, la manga le va a quedar bien. Pero como que se encoge un poquito cuando está con paletó; es una posición típica. Ahora, te voy a decir una cosa: la postura de una persona con vestón es diferente a la de una persona que está con camiseta.
-¿Y usted mide la ropa con la postura que adopta o le dice que se pare bien?
-No, eso es muy difícil. Eso es de cada persona, no puedes decirle al cliente que se pare recto porque le va a durar cinco minutos y se va a tener que ir al hospital o al masajista. Las personas tienen posturas distintas, y uno les hace la ropa con esas características.
-¿Hay cosas que un cliente busque lograr a través del traje?
-Por supuesto. Yo miro a un cliente y le miro los defectos, y los trato de tapar para que él se guste cuando se mire al espejo. Porque si yo le marco los defectos, ahí no le va a gustar.
-Con Piñera en particular, ¿cómo ha sido el trabajo?
-Mira, a él le gusta la ropa muy grande; ha usado toda su vida ropa muy grande. El hecho de hacerle una ropa más a la medida, que todo el mundo se da cuenta de que sí está bien vestido, le da a él más trabajo, porque no se siente cómodo con una ropa muy a la medida. Por eso la ropa se la hago un poquito más grande de lo normal, para que no se sienta tan extraño. Si le pongo una ropa a la medida de él, se siente maniatado, así que tuve que buscar un término medio.
-¿Se parecen Lula y Piñera en su manera de vestir?
-Son muy parecidas las ideas que tienen. Quieren comodidad, que nada les apriete. Hoy día hay una tendencia general de usar telas bien delgadas, bien livianas. Antes un vestón te pesaba una enormidad; hoy en día es livianito, cómodo, no lo sientes. Ese es un trabajo que se ha ido haciendo a través de los años, de ir tratando de ir acomodando la ropa para que el cliente se sienta bien.
-Pero abriga menos...
-Por supuesto, pero hoy día el cliente se puede poner un abrigo, y en la oficina y en el carro tiene calefacción, no necesita tanto una ropa gruesa.
-Usted también hace ropa de mujer, ¿no?
-También. Por ejemplo ahora estamos viendo acá si le hacemos la ropa a una cantante famosa de acá, pero no sé si vamos a llegar a acuerdo. No es mi fuerte la ropa de mujer, no me gusta mucho: la mujer nunca sabe lo que quiere, entonces es difícil llegar a acuerdo. Un día lo quiere corto, otro día largo, otro apretado, otros colores. La mujer se tiene que vestir con una cosa que ve, le gusta y se la pone; no tú ir a diseñarle algo, porque nunca sabes cómo va a estar cuando quede listo. Es más difícil.
-¿Qué cree que va a pasar con el oficio de los sastres? ¿Tiene futuro?
-Por supuesto. Te voy a decir una cosa: de diez personas, como mínimo unas cuatro necesitan trajes a la medida para estar bien vestidos. Tiene futuro, lo que pasa es que la juventud no se interesa mucho en aprender. Pero son etapas que van a pasar, un día vendrá un gran interés, tal como pasa ahora con la cocina, todos quieren ser chef. Va a pasar eso con la moda.
-¿Es verdad que los chilenos nos vestimos tan mal?
-No, creo que por el contrario, hoy el hombre en general, no sólo el chileno, está más vanidoso que antes, no quiere tener guata, quiere verse bien. Y quiere ponerse un traje que le quede bien, verse bien. Hoy el hombre es vanidoso, no es como antes que se casaba y se echaba con su guata. Hoy ves que los gimnasios están llenos de hombres tratando de mantenerse. Y eso los lleva también a buscar una ropa que les quede bien. Y el chileno está a la par con el mundo en eso.
El Mercurio - 05.05.10